FUNDAS NORDICAS BARATAS.
Existe una amplia gama de tiendas donde podemos conseguir fundas nordicas baratas. Estas fundas nordicas suelen confeccionarse con materiales sintéticos o naturales.
Dentro de los materiales sintéticos podemos encontrar fundas nordicas de poliéster.
Las fundas nordicas confeccionadas con materiales naturales suelen ser de algodón. El algodón con el que están confeccionadas las fundas nordicas baratas es un producto textil que se coge de la planta de algodón.
Además de las fundas nordicas el algodón se emplea para diferentes confecciones e incluso para hacer el papel moneda.
Las fundas nordicas baratas de algodón son suaves y muy permeables. Las fundas nordicas baratas de algodón son fáciles de lavar, pero hay que tener cuidado de que no encojan al hacerlo.
Para ello antes de lavar las fundas nordicas baratas hay que tenerlas en remojo con jabón unas horas previas a lavarlas en la lavadora, así veremos si destiñen.
Las fundas nordicas baratas las lavaremos con el resto de ropa blanca en la lavadora, para evitar posibles accidentes y que otras prendas destiñan a las fundas nordicas baratas.
Una vez concluido el lavado de las fundas nordicas baratas, deberemos colgar en el tendedero las fundas nordicas baratas ntentando que se arruguen lo menos posible.
Las fundas nordicas baratas de algodón deberán secarse al aire pero sin que le de el sol directamente, o este con el tiempo se “comerá” los colores. Las fundas nordicas baratas las podemos planchar, si no tenemos plancha de vapor conviene humedecerlas antes un poco utilizando un aerosol de agua.
Si tenemos plancha de vapor, solo tendremos que utilizar el vapor de la plancha que es un sistema rapidísimo y el mejor para estos tejidos. Las fundas nordicas las deberemos guardar en estanterías donde les de lo menos posible la luz, para que no se estropeen, por supuesto deberán estar en sitios secos y de temperatura ambiente templada.
Es conveniente que al lavar las fundas nordicas pongamos en el agua suavizante, así seguirán siendo suaves y tendrán un olor
agradable, pero también podemos poner perfumadores en los armarios. Una solución muy sencilla es colocar jabones de tocador entre las fundas nordicas, además de perfumarlas siempre nos acordaremos de tener jaboncitos y no quedarnos sin ellos.
En algunas tiendas de venta de jabones naturales, los venden por peso, tú eliges el aroma que más te gusta y te cortan un trozo. Estos jabones son naturales y su fragancia suele durar mucho tiempo.
Hay para todos los gustos y colores, de manzana, vainilla, coco, fresa, chocolate, limón, naranja y de olores tropicales como mango, papaya, piña, etc.
También venden en perfumerías bolsitas monísimas con pétalos en su interior de diferentes aromas para poner en los armarios. Otra solución es hacer nosotros mismos las bolsitas, con ganchillo, o con telas cortadas y cosidas por los extremos, luego podemos poner jaboncitos en su interior o velas de olores o incluso pétalos que también se venden o sales de baño.
Luego podemos cerrar las bolsitas con cintas de colores y listo.
En otro contexto se puede hablar de las encrucijadas de caminos, donde según las leyendas de la Antigüedad griega aparecía por las noches claras Hécate, soberana de las almas de los muertos, acompañada con un cortejo de almas y perros que lanzaban pavorosos aullidos.
En las encrucijadas, es decir, en aquellos parajes en lso que se cruzan dos o más caminos, existen referencias de que cada mes se depositaban ofrendas, que consistían en los restos de lso sacrificios purificatorios, para propiciar las gracias a la diosa.
Los lugares más peligrosos para los buenos cristianos, para la gente honrada eran según creencias extendida las mismas encrucijadas de los caminos consagradas antes a Hécate y donde, por un lado, se congregaban las hechiceras y los magos y de otro los muertos que habían sufrido condena eterna.
En las encrucijadas se enterraban los cuerpos de los ajusticiados y suicidas, porque se creía que de esta forma, si resucitaban, su alma se confundiría por los caminos. La leyenda de Teófilo descrita por Gonzalo de Berceo en los de Milagros de Nuestra Señora es como sigue.
Después el rey y Teófilo firman un pacto y a la hora de los gallos Teófilo está ya de vuelta en su casa sin que nadie hubiera notado su falta. Desde entonces perdió la color buena e incluso la sombra y sólo por arrepentimiento final e intercesión de la virgen pudo salvarse.
Según el poeta castellano, el cortejo del rey demonio es la uest antigua, es decir la hueste de los condenados. También la leyenda de Gustavo Adolfo Bécquer, La Cruz del Diablo hace referencia a una cruz, nada ortodoxa situada en Bellver.
En Galicia los cruceiros, cruces de piedra a veces con imágenes grabadas, colocadas sobre un pedestal, se sitúan en las encrucijadas de los caminos y también en los lugares donde hubo un fatal accidente para alejar los malos espíritus. El soñar con una cruz es signo de buenos presagios.
La misa que es la ceremonia principal del ritual cristiano, ha dado origen a diversas supersticiones de carácter protector y positivo. La misa después del parto o misa de parida es una costumbre que procede del Antiguo Testamento.
cuando se cumplan los días de su purificación, según que haya tenido hijo o hija, presentará ante el sacerdote, a la entrada del tabernáculo de la reunión, un cordero primal en holocausto y un pichón o una tórtola en sacrificio por el pecado. El sacerdote los ofrecerá ante Yahvé y hará por ella la expiación y será pura.
Encontramos en el Cantar del Mío Cid un romance dedicado a la misa de parida que comienza así: salio a misa de parida a San Isidro en León, la noble Jimena Gómez, mujer del cid Campeador. Se dice que trae mala suerte el efectuar visitas antes de haber ido a la iglesia a dar las gracias a Dios por el nacimiento.
En el Con cilio de Toledo del año 694 se prohibió por superticiosa y vengativa la costumbre de decir una misa de difuntos dedicada a personas que estaban vivas. En la Edad Media surgió la práctica hechicera de las misas negras, profanación del sacrificio de la santa misa negra era una de las partes de la ceremonia
Posteriormente la misa negra cobró autonomía y se conviertió enuna ceremonia difundida entre la nobleza para obtener los favores del diablo. fue muy famoso en Francia el proceso, bajo el reinado de Luis XIV, en el que Catherine Montvoisin la voisin.
Se decía que rociar con agua bendita a cualquier persona, animal u objeto protegía contra la hechicería. Para proteger las casas contra el mal se solía tener agua bendita. Se acostumbraba a rociar con agua bendita los cuatro ángulos de la alcoba donde yacía un enfermo, así como los pies de la cama, para alejar a los demonios.
las mujeres tenían la costumbre de lavar sus ojos con el agua utilizada en un bautismo para preservarlos de cualquier enfermedad. También se acostumbraba a lavar la boca del recién nacido con el agua de su bautismo para protegerlo contra futuros dolores de dentición.
Se decía que el agua bendita era buena para las fiebres y el reumatismo. Una receta utilizada en el siglo XVII por los curanderos era la siguiente: se echaban tres gotas de cera en agua bendita. Si se juntaban las tres placas se creía que el enfermo sanaría y si no se juntaban la curación no se aseguraba.
Las palmas bendecidas el Domingo de Ramos han sido consideradas como protectoras del hogar y portadoras de buena suerte. El origen de esta superstición se halla en el Nuevo Testamento, cuando se narra la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, que el calendario cristiano celebra la semana antes de Semana Santa.
San Mateo en su Evangelio 21 escribe: Fueron, pus, los discípulos y obraron conforme a las órdenes que les había dado Jesús, trajeron a la borrica y su pollino, pusieron sobre ellos sus mantos y le hicieron sentarse encima de ellos. La muchedumbre, numerosísima, extendió sus mantos.
Cuando los maestros se contradicen de modo tan flagrante, es lícito intentar averiguar qué sucede. Espero hallarme lo bastante al día como para darme cuenta de que algo escrito en la última década del siglo pasado tiene que ser un disparate.
PERO NO ESTOY LO SUFICIENTEMENTE ADELANTADO COMO PARA COMPARTIR LA OPINIÓN DE QUE CUALQUIER COSA ESCRITA EN ESTOS ÚLTIMOS DIEZ AÑOS FORZOSAMENTE TIENE QUE SER VERDAD. SIN DUDA HABRÁN PENSADO USTEDES YA QUE ESTA INVESTIGACIÓN PUEDE PASAR EN ALGO QUE REBASE LOS LÍMITES DE LA NATURALEZA DE LA HISTORIA.
Pero quiero llevar aún más lejos la historia. Olvidemos lo dicho acerca de Ernhard y Sutton y agradezcamos el poder, si lo deseamos, consultar los documentos auténticos de uno de los principales actores de algunos de los acontecimientos importantes de la historia europea reciente.
El proceso seleccionador no le empezaron Bernhard ni sutton, sino el mismo Stresemann. Y si tuviéramos, por ejemplo, los apuntes de Chicherin acerca de dichas conversaciones, nos quedaríamos sin embargo enterados tan sólo de lo que de ellas pensaba.
Por sí solos no constituyen historia; no brindan por sí solos ninguna respuesta definitiva a la fatigosa pregunta de qué es la Historia. Llegados a este punto, quisiera decir unas palabras sobre la razón por la que los historiadores del siglo pasado solían desentenderse de la filosofía de la historia.
La expresión la inventó Voltaire, y dese entonces se la viene utilizando en distintas acepciones; pero yo la usaré, si es que alguna vez la uso, como contestación a nuestra pregunta: ¿Qué es la Historia? Para los intelectuales de Europa occidental el siglo XIX fue un período cómodo que respiraba confianza y optimismo
El profesor Butterfield apuntaba con visible satisfacción, nada menos que en 1931 que los historiadores han reflexionado poco acerca de la naturaleza de las cosas y aun acerca de la naturaleza de su propia materia de estudio. Pero mi predecesor en estas conferencias más preciso en su crítica.
Los historiadores británicos se negaron a dejarse arrastrar no porque creyesen que la historia carece de sentido, sino porque creían a éste implícito y evidente. La concepción liberal de la historia del siglo XIX tenía una estrecha afinidad con la doctrina económica
Que cada cual prosiga con su especialidad, y ya proveerá la mano oculta a la armonía universal. Los hechos de la historia eran por sí mismos una prueba del hecho supremo de que existía un progreso benéfico y al parecer infinito, hacia cosas más elevadas.
Casi cabría decir desde la cuna; y acaso hoy debiéramos reconocer que tiene algo de pueril, o cuando menos de puerilizante. Era hasta cierto punto plausible en tiempos en que la sociedad era más sencilla, y el negocio público estaba entre las manos de un puñado de individuos conocidos.
Pero es evidente que no encaja con la sociedad de nuestra época, mucho más compleja; y el nacimiento, en el siglo XIX, de la nueva ciencia sociológica fue una respuesta a este creciente complejidad.
Pero la vieja tradición se resiste a morir. A comienzos de este siglo, podía aún sentenciarse que la historia es la biografía de los grandes hombres. No hace más que diez años un distinguido historiador norteamericano acusaba a sus colegas quizá no del todo seriamente de genocidio
Al tratarlos como hechuras de las fuerzas sociales y económicas, los adeptos de esta teoría tienden hoy a ser circunspectos, pero tras ciertas pesquisas he hallado una excelente formulación contemporánea en la introducción de uno de los libros de Miss Wedgwood, que escribió.
Acaso hubiera sido mejor la expresión de recíproco que la de circular, porque el resultado no es un retorno al punto de partida, sino un adelanto hacia nuevos descubrimientos por medio de este proceso de interacción entre principios y hechos entre teoríca y práctica.
Era en él necesidad imperativa saber cómo funcionan los fenómenos nucleares, en el mismo sentido enq ue podría hablarse de saber lo que ocurría en la cocina. No creo que buscase una explicación bajo la forma clásica de una teoría fundada en unas cvuantas leyes básicas.
Esta descripción conviene igualmente al historiador, que ha abandonado la búsqueda de leyes fundamentales y se contenta con la investigación de cómo funcionan todas las cosas.
Saber tomar decisiones es un gran privilegio. Pocas cosas son tan enriquecedoras para la propia vida, tan eficaces para alcanzar el éxito en todos los cvampos y tan importantes para ser feliz como la capacidad deadoptar decisiones.
Estas nos permiten dominar nuestra vida. Cada vez que tomamos una auténtica decisión, averiguamos quiénes somos realmente porque utilizamso nuestras propias prioridades y valores.
En cambio, la imposibilidad de adoptar decisiones complica todos los aspectos de nuestra vida, bloquea el desarrollo emocional, conduce a múltiples fracasos, sobre todo, en las relaciones y contribuye a la represión de los sentimientos, sembrando la semilla de la enfermedad.
La indecisión y la ambivalencia perniciosa son la base de la impotencia, la frustración, la envidia, la rabia, la amargura, el cinismo y la desesperanza crónica.
Muchas personas tropiezan con grandes dificultades para tomar decisiones, y hay algunas que jamás pueden hacerlo. Sin embargo, tanto si está inhibido como si no lo está, ningún adulto libre puede sustraerse a la toma de decisiones. Y afortunadamente casi todo el mundo puede mejorar sus aptitudes en este sentido.
La presente obra trata precisamente de todo eso: de la comprensión y solución de los problemas… y de lamejor manera de tomar verdaderas y libres decisiones en todas las áreas de la vida.
Los principios básicos de la auténtica y acertada toma de decisiones son aplicables a todo tipo de decisiones profesionales o personales, sencillas o completas, triviales o trascendentales.
Por duras que puedan ser las posibles convicciones, la dinámica del proceso de la resignación siempre discurre a nivel inconsciente. El proceso tiene que mantenerse en este plano porque las personas aparentemente insensibles tienen un enorme empeño en ofrecer ante sus propios ojos una imagen de indiferencia.
Se enorgullecen de estar por encima de los triviales asuntos humanos. Por esta razón, las personas atrapadas en este bloqueo no se dan cuenta a menudo de su situación.
Sus vidas reflejan siempre su parálisis emocional y, a menudo, se quejan amargamente de su triste existencia. Sin Embargo, raras veces se percatan de su espíritu de resignación y de cuán culpables son de sus desdicha.
Por desgracia, las personas que padecen este bloqueo se pasan la vida tomando unas seudodecisiones que aumentan casi siempre su distanciamiento y su desdicha. Por otra parte, las personas de esta clase tropiezan a menudo con graves dificultades en sus relaciones porque sus compañeros, amantes o amigos se decepcionan ante su aparente indiferencia y frialdad.
Quienes suelen fracasar a pesar de su heroico derroche de energía y de sus aparentes decisiones realistas, harían bien en analizar cuidadosamente su personalidad. El proceso puede ser muy doloroso y requiere a menudo la intervención de un experto psicoterapeuta capaz de llevarlo a cabo con honradez y objetividad.
En estos casos, los amigos que tratan de ayudar a la persona a perpetuar sus imágenes idealizadas suelen ser muy perjudiciales. La realidad puede provocar, al principio, un sobresalto. La visión realista de sí mismo parece, a veces, una confrontación con un desconocido.
Sin embargo, las recompensas derivadas de las auténticas decisiones ejercen un tranquilizador efecto curativo y allanan el camino para que la persona pueda aceptarse tal y como es. Anulación del propio yo, inadecuada subordinación a los demás y necesidad obsesiva de agradar.
Estos bloqueos, que a primera vista pueden parecer distintos, están, en realidad, íntimamente relacionados entre sí. Pero los trataré por separado porque, en algunas personas, uno de ellos puede ser más visible que los demás y, por otra parte resulta más fácil comprenderlos individualmente.
Al principio, cuando tratan de valorar las situaciones con realismo, las personas piensan a menudo que arrojan por la borda todos sus ideales, y los cambian por una existencia anodina y vulgar. Sin embargo, eso no es cierto. Lo que hacen es cambiar la fantasía por la realidad y por la aceptación de la condición humana.
Sustituyendo la parálisis por la acción, la indecisión por la decisión y la esclavitud por la libertad. Cuando de veras se produce el cambio y más preferimos pájaro en mano que ciento volando, la calidad de nuestra vida mejora extraordinariamente.
El afán de tenerlo todo es una forma especial de perfeccionismo, algo así como la búsqueda del cielo en la tierra. Su base es la creencia inconsciente de que se puede alcanzar un estado perfecto en el que estén incluidas todas las opciones, y de que se pueden evitar por tanto todas las dolorosas decisiones y los sacrificios.
Son individuos que buscan, en realidad una llave mágica que les abra la puerta de su nirvana personal. A menudo, se quedan atascados en una de las fases iniciales del proceso de la toma de decisiones, concretamente la del examen de las opciones o alternativas.
El deseo de quedarse con todas las opciones obstaculiza el proceso e impide adoptar una decisión. El afán de tenerlo todo destruye a menudo la posibilidad de conseguir lo que sería realista esperar de una decisión sensata.
La paralizadora ilusión, en buena parte inconsciente, es en este caso la de que, si no se elige ninguna alternativa, siempre quedará la posibilidad de tenerlo todo. La victima de este bloqueo se parece a un niño pequeño que en una juguetería no puede elegir ningún juguete porque los quiere todos.
El hecho de intentar convencernos de lo que no es cierto sólo porque eso es lo que se espera de nosotros resulta contraproducente. Esta prioridad puede cambiar en algunas ocasiones, aunque no es frecuente que ello ocurra.
En realidad, ambos satisfacían los deseos de sus respectivas familias. Ahora comprenden que, en realidad, no querían tener hijos y envidian a sus amigos que no los tienen. Cumplen con sus deberes de padres, pero no hay calor ni intimidad entre ellos y sus hijos.
Estoy seguro de que, por esa razón, sus hijos crecerán con muy poca alegría, escaso amor propio y un gran vacío interior. Porque los hijos son una responsabilidad para toda la vida y no todo el mundo está preparado para eso.
Otras personas dan prioridad a otras cosas, pero no lo saben. ¡Sólo hay que tener hijos cuando éstos constituyen la máxima prioridad! Y eso únicamente se puede saber con certeza cuando las personas se hacen la pregunta antes de que el proyecto se convierta en realidad.
La condición humana excluye la seguridad absoluta. El título de la extraordinaria obra de James Watts la sabiduría de la inseguridad es realmente ilustrativo. Como es natural, un determinado grado de seguridad, económica, emocional, física, desempeña un papel en nuestra vida y las prioridades a este respecto varían muchísimo.
las personas inseguras y con escaso amor propio debido a las dificultades de sus primeros años tienen a colocar la seguridad a un nivel mucho más alto que otras. En tales casos, la seguridad tiene que estar por encima de cualquier otra consideración.
Son tres hermanos siameses a los que denominaremos PPA y, cuando uno de ellos ocupa un elevado lugar en la escala de valores, los demás también lo ocupan aunque pueda haber ligeras diferencias entre uno y otro.
Análisis de los sentimientos en relación con las prioridades: consideraciones previas antes de tomar una decisión. Antes de cerrar este capítulo las prioridades, permítame exponerle el ejemplo de alguien que sabe utilizar adecuadamente su escala de valores. Se trata de un amigo mío llamado Miguel Fernández.
Una vez comenzado le produce una sensación de poder, libertad interior y dominio de su propia vida que ninguna otra actividad podría producirle.Ahora que Mario ha iniciado el proceso de su toma de decisión con estas reflexiones preliminares, yo quiero acompañarle a usted a lo largo de las distintas fases del mismo.
No cabía duda de que, desde el punto de vista de esa prioridad, ir a pie y en taxi sería mucho mejor que comprar cualquier tipo de automóvil. Aunque alquilaran un vehículo cada vez que saliera de la ciudad o tomara un taxi para ir a todas partes, esta opción seguiría siendo la más barata.
Posesión. Aunque este rasgo de su carácter no le gustara, la posesión de cosas materiales seguía siendo una de sus principales prioridades, concretamente, la número 2. Solo comprando un automóvil podría satisfacerla. En caso de que prescindiera de él, se sentiría desposeído de algo necesario.
Rechazar las alternativas inservibles equivale a optar por algo en concreto y constituye la esencia de todo el proceso, ya que al abandonar las alternativas no elegidas se establecen unas prioridades y se demuestra que existe voluntad de pagar un precio.
La eliminación de las restantes opciones tiene más de un objetivo práctico ya que permite utilizar el tiempo y la energía que les habíamos dedicado, y concentrarlos en las que hayamos elegido.
En esta fase se establece en qué objetivo hay que concentrar el tiempo, la energía y todo el yo. En caso de que sea totalmente afortunada, no habrá ni un solo fragmento del yo que contemple las posibilidades residuales.
Traducir la decisión en acción optimista. Esta última fase bien podría llamarse de la lealtad y el optimismo ya que en eso consiste justamente. No estamos rígidamente encerrados en ninguna decisión.
Los cambios acertados son deseables. Sin embargo, esta posibilidad no debe en modo alguno obstaculizar o diluir la constante lealtad a las decisiones que se hayan adoptado.
Ésta es la fase en la que tratamos, por todos los medios, de que la decisión dé resultado. Aunque otra decisión hubiera podido ser análogamente acertada. En este momento es la nuestra. El solo hecho de ser nuestra es motivo más que suficiente para que le entreguemos cuanto poseemos, con todo el optimismo y la lealtad típicos de las empresas afortunadas.
Las personas que se desprecian a sí mismas tienen graves dificultades para mostrarse leales u optimistas en la toma de decisiones, o en cualquier otra cuestión que las afecte. Tienden a abandonar las decisiones al menor tropiezo y ceden en seguida al pesimismo en cuanto empiezan a analizar la conveniencia o el resultado de sus opciones.
Hay personas con escaso amor propio que superan bastante bien las primeras siete fases del proceso, pero fallan en la última, cuando se presenta el inevitable obstáculo en el camino.
Mi amigo Mario tuvo el suficiente amor propio como para invertir inmediatamente en su decisión toda la lealtad y el optimismo que hicieran falta. Empezó a hacerlo en cuanto eligió la opción y ya se vio mentalmente llevando a la práctica su decisión.
Invirtió en ella más lealtad y optimismo cuando le añadió el respaldo de Helen, y volvió a hacerlo la vez en que dedicó toda una mañana a examinar el servicio de taxis y los automóviles de alquiler.
El desconocimiento de la propia capacidad o incapacidad de asumir una enorme responsabilidad y de hacer una considerable inversión emocional, puede conducir a tomar decisiones erróneas o a seudodecisiones.
Fumar, beber más de la cuenta y comer demasiado son tres tendencias humanas con las que tropiezo muy a menudo en el ejercicio de mi profesión y que incluyo en un mismo grupo porque, en general, se deben a los mismos motivos, y la incapacidad de vencerlas se halla presente en los mismos bloqueos.
Sin embargo, la decisión de superar la afición desmesurada a la comida, las bebidas alcohólicas o el tabaco no podrá llevarse a la práctica a menos que se haya producido una auténtica confrontación y se supere el inmediato deseo de aliviar la ansiedad o el placer.
Creo que el gran fallo de las organizaciones que intentan ayudar a la gente a tomar la decisión de abandonar cualquier afición malsana, sobre todo, la afición a comer demasiado, consiste en hacer caso omiso de la satisfacción que le produce al sujeto el hecho de comer.
En esencia esta clase de satisfacción procede de un bloqueo del que ya hemos hablado, el de la evitación del conflicto. Lo que quiero decir es que el conflicto que se produce entre la inmediata satisfacción que proporciona la sustancia a la que el sujeto es aficionado y el deseo de mejorar la propia salud, tiene que ser afrontado de una manera consciente antes de que se pueda tomar una decisión efectiva.
El éxito en cualquier campo, nacido de decisiones basadas en opciones libres que reflejen nuestro verdadero yo y nuestra prioridad y valores, es una buena garantía de felicidad.
En cambio, los logros nacidos de una simple necesidad de agresión de la conformista obediencia de los dictados culturales o sociales o de la necesidad de venganza, dejan un vacío interior, un crónico anhelo y una sensación de empobrecimiento por muy importante que pueda parecer el logro.
Posee dos características fundamentales: la incomunicación voluntaria o involuntaria, física o psicológica, y la perdurabilidad, que conduce a la ansiedad dolorosa de alguien que reclama infructuosamente el auxilio de quien alivie su sufrimiento. Veamos como ejemplo, unos inquietantes, hermosos y espeluznantes versos.
¿Qué veis, enfermeras, qué veis?. Pensáis cuando me estáis mirando: una anciana decrépita y obtusa con los ojos perdidos, que toma su comida y nunca responde. Cuando alzáis la voz diciéndome: me gustaría que lo intentaras. Os diré quién soy, mientras permanezco aquí sentada inmóvil, mientras me levanto siguiendo vuestro mandado y como, según vuestro deseo.
Soy una niña de diez años, con papá y mamá, hermanos y hermanas que se quieren los unos a los otros. Pronto una novia de veinte años, cuando mi corazón dio un salto recordando las promesas que juré cumplir. Con veinticinco tuve mis propios niños que precisaron de mí para construir un hogar seguro y feliz.
A los cincuenta, de nuevo, nuevos niños corretean entre mis rodillas. Pero los días oscuros se ciernen sobre mí, con la muerte de mi hombre. Miro al futuro y me encojo con temor. Los jóvenes de mi familia están todos muy ocupados en sus asuntos.
Y pienso en los años de amor que he conocido. Ahora soy una mujer vieja y la naturaleza es muy cruel. El cuerpo se resiente, la gracia y el vigor se han ido, ahora sólo hay una piedra donde antes había un corazón. Pero debajo de esta vieja carcasa una joven adolescente aún alienta y ahora, de nuevo, mi castigado corazón renace.
Recuerdo las penas, recuerdo el placer, de nuevo amo y vivo otra vez, y pienso que los años son demasiado pocos, han pasado demasiado deprisa. Y acepto el hecho de que nada durará. Por tanto, abrid vuestros ojos, enfermeras, y mirad. No soy una vieja decrépita, miradme de cerca, vedme.
Este poema, en traducción libre, fue publicado en La Gaceta del Hospital Guy, del distrito de Greenwich (Londres, el 2 de febrero de 1974. Escrito por una anciana solitaria y silenciosa, recluida en la zona geriátrica de dicho hospital, considerada hasta entonces como incapacitada para leer y escribir por sus cuidadores, el original fue hallado en su taquilla tras su muerte.
En este punto conviene recordar a Cecilia Bohl, quien escribe una novela titulada Sola y cuyo amor por su segundo marido se ha equiparado con el que sintió George Sand por Chopin, en la medida en que se trata de dos seres débiles y enfermizos, necesitados de protección.
El suicidio de su marido, motivado por su fracaso en los negocios, la sume en la tristeza y en la soledad. Un recuerdo merece Josefa Masanes, quien no busca la emancipación total de la mujer porque, a su juicio, se opone a ello la naturaleza, sino sólo su emancipación intelectual, que justifica no basándose en el derecho innato de la mujer a la autorrealización, sino en sus responsabilidades como madre y esposa.
Fundadora de un colegio para señoritas y miembros de varias academias e institutos, Masanes cree que la única posibilidad de emancipación para las mujeres es la educación. Por eso denuncia una y otra vez el hecho de que se niegue a la mujer la aptitud para los trabajos intelectuales y, en caso de concedérsela y reconocerle las dotes de una brillante inteligencia.
Se la amenace con el desprecio en cuanto intente sacar provecho legítimo de tan estimado don, bajo el pretexto de que el saber la perjudica. Concepción Arenal es fundamentalmente conocida por sus escritos de denuncia de las cárceles, los manicomios y los hospicios.
Lo primero era afirmar la personalidad al margen de su estado y persuadirse de que, soltera, casada o viuda, tenía derechos que ejercer y derechos que reclamar, una dignidad que no dependía de nadie, un trabajo que realizar y la cereza de que la vida era algo serio.
Fundó y dirigió la revista teatral Nuevo Teatro Crítico. Polémica y prolífica, escribió más de sesenta novelas. Especial interés ofrecen sus artículos sobre la situación de la mujer, publicadas en la España Moderna y recopilados bajo el título La mujer española.
Una mujer extraordinaria, profunda e inusualmente libre que contrajo matrimonio a los diecisiete años y se separó al poco tiempo. Fue, además, la primera catedrática de la universidad española.
En las revistas que empiezan a aparecer en la época, como El Periódico de las Damas, se impulsa, sin embargo, la idea tradicional de la mujer esposa y madre. Lo mismo ocurre en La Gaceta de las Mujeres, pese a estar redactada íntegramente por mujeres, entre las que destacan las románticas Gertrudis Gómez de Avellaneda Carolina Coronado
Mención especial merece El nuevo pensil de Iberia. Inspirado en los planteamientos fourierisas y del socialismo útopico, esta publicación se dedica a denunciar las condiciones de vida de la clase trabajadora y especialmente de la mujer.
En el Primer Congreso Obrero de 1870 se defendieron las ideas proudhonianas de inferioridad de la mujer. En el siguiente, dos años más tarde, se destaca ya la necesidad de incorporarla al movimiento obrero
Posteriormente, aparece La Mujer, editada en 1882 en Barcelona, que desde un pensamiento más radical proclama que no se alcanzarán las libertades de los hombres si ese logro no va acompañado de la liberación de las mujeres.
El estímulo a la virtud, el descanso de las fatigas, en una palabra, el vínculo más dulce que une al hombre con la vida, y sin el cual sus días serían tristes, insípidos y sin inspiraciones ni goces.
No reclama la igualdad, sino el papel de la mujer como guía del hombre. La revista Psiquis. Periódico del Bello Sexo, editada en Valencia en 1840, definía a la mujer de la siguiente manera: es el alma de la sociedad, es el espíritu que embellece la existencia del hombre, es el principio de las acciones grandes.
Entre todas ellas destaca Emilia Pardo Bazán, la intelectual más eminente de la España de su tiempo y una de las mejores novelistas del siglo XIX. Periodista sobresaliente, fue corresponsal en París y Roma.
Grave, que no debía tomarse como un juego si una no quería convertirse indefectiblemente en juguete de la misma. Así pues, suponía un grave error y perjudicial inculcar a la mujer que su misión única era la de ser esposa y madre.
Era contraria a la participación de la mujer en la política porque consideraba que tales trabajos exigían el ejercicio de la autoridad, para la que no estaba bien dotada la mujer, en quien predominaban la dulzura y el cariño.
En definitiva, se daba una estrecha relación entre emancipación sexual e independencia profesional, porque, como ya entonces afirmaba Virgina Woolf, el futuro de la ficción dependía en buena medida del grado en que era posible educar a los hombres para que admitieran la libertad de expresión de las mujeres.
Se trababa, pues, de un círculo en el que existía una absoluta libertad de pensamiento y de expresión. Un grupo que se mantuvo unido no sólo por los lazos afectivos de sangre o de matrimonio, pasiones heterosexuales u homosexuales, sino también por la inteligencia y entusiasta entrega en la vida y el arte.
Este ambiente es el que recrean, por ejemplo, las obras de Vanessa Bell e Isadora Duncan. Los hombres del grupo creían de verdad que las mujeres podían ser inteligentes e independientes, pero, aunque no acepaban las ideas tradicionales sobre la femineidad, daban muestra de grandes dosis de egoísmo.
Por este y tantos otros motivos las tensiones no estaban ausentes del círculo. Virginia y Vita Sackville-West no llegaron nunca, a pesar de la pasión, de su amor y su amistad, a compartir sus soledades. Woolf se suicidó y Vita fue hundiéndose lentamente en la soledad, la depresión y el alcohol.
También Montparnasse se configura como una zona libre. Apenas terminada la guerra, empezaron a afluir a París artistas de todo el mundo, produciéndose durante los años veinte una verdadera eclosión cultural. El barrio de Montparnasse se convirtió en un gran espacio de experimentación artística que iba a suponer un cambio relevante para la historia del arte.
Los artistas eran respetados en la medida en que ejercían un interesante reclamo y proporcionaban un indudable prestigio a la ciudad; de ahí la permisividad reinante, impensable en oros distritos de la ciudad.
Sin duda, esta película tiene aspectos subversivos, en tanto que destruye el ideal empalagoso, sentimental y falso de la mujer. La sexualidad femenina se plantea de forma abierta, y Elsa encarnada por Rica Hayworth se resiste a los esfuerzos de los hombres por dominarla.
Lástima que nadie pueda admirar su independencia porque está basada en la manipulación, la avaricia y el asesinato Como en todo el cine negro, la heroína es una femme fatale que destila toda su seducción el hombre la desea, temiendo al mismo tiempo el poder que ella ejerce sobre él y, finalmente, la sexualidad de la mujer interviene de forma destructiva y aparta al hombre de sus objetivos.
Resulta interesante, al respecto, la tesis de Sylvia Harvey según la cual la extraña e irresistible ausencia de relaciones familiares normales en el cine negro deja constancia de las transformaciones sufridas por las mujeres norteamericanas en lo que a su posición social se refiere.
Es a mediados de los años sesenta, es decir, medio siglo después de los tiempos de la Belle Époque, cuando comienza a esbozarse una nueva división sexual en la mayoría de los países occidentales. Se trata de un proceso de gran lentitud al que, sin duda, contribuyeron la prosperidad reinante, los descubrimientos tecnológicos que facilitan las tareas del hogar, como los electrodomésticos.
La invención de la píldora anticonceptiva, los acontecimientos del 68 y, fundamentalmente, los movimientos de mujeres que denunciaban y luchaban contra el patriarcado. En efecto, los distintos movimientos de los años sesenta propiciaron transformaciones culturales radicales que desembocaron en una relajación de los códigos más rígidos y puritanos.
El amor entró en un ciclo inédito de politización, se cuestionan la fidelidad y la exclusividad como valores burgueses, y la revolución cultural y el movimiento feminista impulsaron a las mujeres a apoderarse de su propia sexualidad. Así pues, las mujeres adquieren el derecho a su independencia personal y económica, así como la posibilidad de tener una vida sexual fuera del matrimonio.
Incluso se acepta la sexualidad en la maternidad, como sucede en Una mujer descasada. Quizás lo más interesante de esta película, aparte del proceso de separación y la valoración de su autonomía por parte de la protagonista, sean las exigencias contradictorias que afrontan las mujeres en el momento en el que empiezan a asumir nuevas funciones en el marco de una sociedad que no parece estar preparada para ello.
El siglo XX, siglo de la psicología y de la imagen, confirma ante todo que la cultura occidental ha desarrollado pocas maneras de representar positivamente a las mujeres. La nueva valoración de la sexualidad y la aceptación del deseo femenino han ido acompañadas de una fuerte presión a favor del matrimonio, así como de renovados ideales de belleza.
En España, sólo el 36 por ciento de las mujeres en edad legal para trabajar, entre los 16 y los 65 año, se consideran económicamente activas. De los 16,6 millones, 6 millones trabajan o buscan trabajo. No obstante, desde los años sesenta ha mejorado mucho la tasa de actividad.
El arte pop exalta la cultura popular que recibe el impacto de la televisión, de la publicidad y, a su vez, reacciona ante la sociedad de consumo de los sesenta. La cantidad de libros, revistas, películas, anuncios, programas televisivos y discos disponibles aumentan la capacidad de creación de símbolos.
En ocasiones, como en el caso del pintor británico Richard Hamilton, la femineidad y la masculinidad toman la forma fetichista de la relación entre bienes de consumo. A propósito de la obra de Roy Lichtenstein Muer en el baño de 1963, perteneciente a la colección del Museo Thyssen.
El territorio de las mujeres ha sido siempre el de la intimidad, la vida privada, aunque no existen tratados sobre ella que comprendan bien los deseos femeninos. Curiosamente, a las mujeres nos ha interesado sobre todo la vida privada, la intimidad, pero ello no quiere decir que acreditemos grandes conocimientos en este asunto.
A lo mejor resulta que nos manejamos mejor en los roles tradicionales, aunque no actúen en nuestro favor. Por ejemplo, no dominamos a la perfección los recursos emocionales y afectivos; prueba de ello es que seguimos sufriendo más que los hombres en ese terreno e, incluso, nuestros éxitos profesionales no repercuten de la misma forma en el aumento de nuestra autoestima.
Se dice que los logros y el reconocimiento no modifican un ápice el sentimiento íntimo de malestar, soledad o indefensión, incluso desarrollando actividades importantes. El trabajo personal ayuda a solventar los problemas económicos y a desarrollar cualidades como el sentido de la responsabilidad.
La seriedad, la generosidad o la empatía para el trato, pero no nos hace aumentar la confianza en nosotros mismos ya que tenemos la profunda convicción de que vivimos para los otros. Según la Biblia, y tu voluntad estará sujeta a la de tu marido, y él se enseñoreará de ti.
Se afirma que para las mujeres el bienestar descansa, sobre todo, en la experiencia de estar incluidas, de ser parte activa de una relación amorosa y cuidar de ella. Aquí se concentran una serie de ansiedades, temor al rechazo de los hombres, competitividad y conflictos reales derivados de las exigencias que imponen tanto la familia como el trabajo en lo que a tiempo y energía psíquica se refiere.
Siendo todo esto relativamente cierto, es decir, que la interacción entre el reconocimiento exterior y la satisfacción interna no funciona de la misma manera en los hombres y en las mujeres, me resisto a creer que nuestra digna incorporación al mundo profesional y a la vida pública no nos reporte beneficios
En nuestra propia valoración, como individuos y como colectivo emergente. Seguramente lo que sucede es que no lo exteriorizamos, que no tenemos tendencia a hablar de nuestros éxitos. Como comentaba un día una amiga, siempre hablamos de nuestros problemas sentimentales, pero invertimos nuestros esfuerzos, nuestras energías y nuestra inteligencia en la esfera profesional o pública.
Seguir al hombre es la dimensión sacrifical de la femineidad, en palabras de Celia Amorós. El poder no es femenino. A las mujeres no les resulta fácil sentirse potenciadas en su identidad cuando acceden a posiciones de poder, y por ello no necesariamente ven incrementada su autoestima.
Y me pregunto ¿estamos donde estamos porque hemos desistido de construir una relación casi perfecta, gratificante, enriquecedora, generosa y no conservadora, dado que a nuestro entender no es posible por las limitaciones de la inmensa mayoría de los hombres, o es que no sabemos hacerlo porque no acabamos de controlar el mundo.
La Cenicienta, que acentúan en la protagonista cualidades supuestamente femeninas como la docilidad, la laboriosidad, la renuncia o la entrega en silencio. No encontramos en ellos ninguna muestra de rebelión, ni siquiera en defensa de los propios y legítimos derechos, y de esta manera lo que trasmiten es un comportamiento de sumisión.
Y qué decir de los relatos de caballería en los que el rey otorga la mano de su hija a aquel que se destaque por su inteligencia o valor, como si se tratara de un trofeo, de un objeto codiciado. En ninguno de los dos modelos la mujer es tomada como un ser completo, total, valioso por sí mismo.
En la actualidad, muchas mujeres creen haber dejado atrás estos modelos, pero no resulta tan fácil desembarazarse de ellos. Pueden volver una y otra vez bajo los más diferentes disfraces. Con frecuencia la situación se repite y entonces la mujer, que se siente contenta, reconocida y segura en su trabajo.
Según Graciela Moreschi, la razón por la que muchas mujeres quedan unidas a dichos modelos es que a la fuerte carga atávica que llevan se suma una sociedad favorecedora de patologías narcisistas. Como es sabido, al sucumbir al amor la verdadera mujer se ve obligada siguiendo la metáfora.
Y dado que el mundo moderno crea numerosas inseguridades, a partir de ese sentimiento de temor a no ser aceptada, se inicia tal relación narcisista. Así pues a pesar de los avances trascendentales de las últimas décadas no acaban de quedarse atrás los cuentos, no nos desprendemos de los vínculos de dependencia.
En los últimos decenios, ha sido habitual posponer el matrimonio hasta haber conseguido un empleo o alcanzado cierta seguridad profesional. Si bien, como hemos apuntando antes, una dedicación intensa a la profesión puede generar conflictos en el matrimonio, creo que es perfectamente lícito que una mujer sea ambiciosa y o manifieste.
En ocasiones, las feministas que se declaran ambiciosas no definen la ambición tanto como progreso exclusivo en sus carreras, sino en términos de desarrollo personal y cooperación en la sociedad. Es cierto que las mujeres se encuentran con todo tipo de barreras y que las connotaciones del éxito son tales que muchas sienten menos deseos de competir.
Refiriéndose al mundo de la creación artística, Simone afirmaba que la mujer, o un tipo generalizado de mujer, no se pierde apasionadamente en sus proyectos de trascender su condición humana se vuelve incapaz de crear obras de arte incandescentes. Creo que ahora ya no se podría afirmar esto con tanta rotundidad.
El hecho de que las mujeres trabajen fuera de casa, algo en lo que se ha invertido mucho esfuerzo, provoca sentimientos encontrados entre hombres y mujeres. Se ha afirmado en muchas ocasiones por algunas autoras (Cecilia Castaño, entre otras) que entre las mujeres la satisfacción de tener un empleo o profesión se ve contrarrestada por los enormes costes personales.
Aunque ha aumentado el empleo femenino, las mujeres siguen concentradas en los trabajos con peores condiciones laborales y económicas. Por eso hablamos de techo de cristal, cuando nos referimos a las dificultades de promoción. Y aunque en este terreno hemos avanzado, es preciso saldar la deuda histórica que ha postergado a la mujer como consecuencia de la división sexual.
Existe todavía una cultura masculina imperante en el mundo empresarial que, entre otras cosas, impide que las mujeres participen en las redes de contactos personales necesarios para moverse en el mundo de los negocios, un fenómeno más presente en la Europa meridional que en Estados Unidos.
Salvo algunas privilegiadas, las mujeres han trabajado siempre. La novedad consiste en que ahora realizan un trabajo remunerado y que ha aumentado el acceso a puestos más cualificados. El problema del trabajo en casa es que no es reconocido ni valorado, ni agradecido ni, en la mayoría de las ocasiones, elegido, aunque representa en España el 40 por ciento de PIB.
Por eso en el llamado Estado de Bienestar existen determinadas parcelas que se configuran como servicios sociales y liberan a las mujeres, que vuelven a sobrecargarse cuando se producen retrocesos en ese ámbito.
Para participar, en igualdad de condiciones con los hombres, en todas las actividades sociales hay que tener un empleo remunerado. La posición de desventaja de las mujeres en el ámbito laboral puede hacer que abandonen el empleo y vuelvan al hogar.
y ante las dificultades de compaginar el empleo con las responsabilidades familiares, que siguen asumiendo ellas fundamentalmente, muchas prefieren retrasar el matrimonio y la maternidad o quedarse solteras. En la actualidad, la inmensa mayoría de mujeres solteras o casadas de los países desarrollados considera el empleo remunerado como la vía más directa.
Esto se refleja en un aumento considerable de las tasas femeninas de actividad, empleo e inevitablemente paro. En Europa el fenómeno comenzó en los sesenta y en España un poco más tarde por el retraso con que se produjeron muchos de los cambios económicos y sociales típicos de las sociedades desarrolladas.
El nacionalcatolicismo que dominaba hasta hace unas décadas era más propio del mundo rural que de las sociedades industrializadas, con una fuerte influencia religiosa, y ya sabemos cómo afectan las corrientes reaccionarias a las mujeres.
Los perjuicios sobre su independencia y participación social, la defensa de la pureza como rasgo femenino que se perdería en el lugar de trabajo y todo tipo de chantajes morales obstaculizaron el acceso de la mujer a la educación y al empleo.
Sin embargo, en los últimos años la actitud o predisposición para trabajar se extendió a todos los países europeos. Un porcentaje creciente de mujeres, especialmente las que han finalizado estudios superiores, no sólo no abandonan el trabajo al contraer matrimonio o tener hijos, sino que lo compaginan con las tareas domésticas, menos duras en la actualidad que antaño.
Mientras, entre las definiciones visuales de la femineidad moderna se impone la de un ama de casa profesional, reina del hogar, experta e insaciable consumidora, a quien la publicidad le vende, entre otras cosas, representaciones de sí misma muy cercanas a determinados modelos antiguos.
Una vez iniciado el proceso de cambio se avanza rápidamente. Las generaciones de las dos últimas décadas se comportan de manera similar a las europeas y de manera distinta, en general, a como lo hacían sus antecesoras.
Sin embargo, para las nuevas españolas los estudios y el empleo no constituyen una mera etapa anterior al matrimonio, sino una opción vital definitiva, con entidad propia suficiente, que ha de compaginarse con las responsabilidades familiares que se adquieran.
Una tercera parte de las mujeres casadas y la mitad de las solteras participan en el mercado laboral. El tamaño de la familia se ha reducido, puesto que gracias a la anticoncepción existe la posibilidad de elegir el número de hijos así como el momento de tenerlos.
Con ello se acorta el tiempo dedicado a la gestación y crianza y aumenta el dedicado al desarrollo profesional, sobre todo en las mujeres con mayor nivel cultural, que explican su participación laboral como resultado de un deseo personal, mientras que las que tienen escasa formación manifiestan trabajar sólo por necesidad económica.
La discriminación y los prejuicios en el ámbito laboral siguen existiendo, a pesar de la excelente preparación de las mujeres en la actualidad. Salvo en determinadas actividades, sobre todo de empleo público, en las que se observa una clara feminización, el trabajo suele ser irregular.
La diferencia se establee, en opinión de Cecilia Castaño, entre las que alcanzaron la edad legal para trabajar, que coincide con la edad para procrear, antes de los primeros años setenta, y las que lo han hecho posteriormente. Las primeras recibieron una educación y una preparación profesional escasa, tuvieron bastantes hijos y las que se incorporaron al mercado laboral lo hicieron tarde.
Las primeras pagan a otras para que realicen las tareas domésticas, mientras que las segundas tendrán que trabajar a cambio de un salario bajo y arreglárselas como puedan con la casa y los hijos.
Una investigación realizada en nuestro país en 1995 sobre mujeres entre 18 y 30 años concluye que de todas las mujeres entre 18 y 21 años sólo un 4 por ciento se ha independizado. Entre 22 y 25 años el 20 por ciento, entre 26 y 30 por ciento, el 79 por cinto.
En cuanto al estado civil es evidente la reducción del número de mujeres entre 25 y 50 años que se dedican exclusivamente a las tareas domésticas. Una investigación realizada en nuestro país en 1995 sobre mujeres, situaba el 51 por ciento según las ocupaciones dentro y fuera del hogar.
Aunque ellas trabajen fuera del hogar, al pasar a ser independientes tienen que hacerse cargo de la marcha del hogar. Un 65 por ciento de las amas de casa jóvenes se sienten responsables de estas tareas y sólo un 18,5 afirma que las comparte.
Cuando se les pregunta a estas mujeres qué tipo de empleo prefieren fuera del hogar, afirman que aquellos que les permiten estar más tiempo fuera de hogar, sobre todo si tienen hijos. Un 41 por ciento desearía trabajar a tiempo parcial y un 20 por ciento le gustaría realizar el trabajo desde casa.
Cada vez que se me ha planteado un nuevo reto profesional, ha surgido en mí un conflicto entre la ilusión de aceptar el reto, es decir, la experiencia personal de asumir el riesgo y la responsabilidad, y la tendencia a no complicarnos la vida, con el argumento de una mayor disponibilidad del tiempo.
Hasta el momento, siempre he aceptado los retos y me alegro de ello. Aparte de las posibles contribuciones a proyectos que he considerado importantes para la sociedad, han dado a mi vida un sentido evolutivo. También me han proporcionado, junto a inevitables sufrimientos o tensiones, grandes alegrías y satisfacciones por haber conseguido determinados objetivos.
Me siento afortunada por lo que ello significa, puesto que lo común es no esperar grandes cosas de las mujeres. La ambición, la competitividad, los infartos y los fracasos han sido siempre masculinos. Tengo amigas admirables que, después de casarse y tener hijos, con una situación económica nada holgada y un escaso nivel de formación, se han superado de manera extraordinaria.
De este modo, su mundo se ha abierto enormemente y su autoestima y confianza se han incrementado. Así pues, el trabajo es, o puede llegar a ser, una fuente importante de realización y autosatisfacción. Para acceder a él muchas mujeres han tenido que romper moldes y esquemas, estereotipos diversos, con ilusión, ambición, o por mera necesidad.